Sobre cine y diversidad funcional

Hoy 3 de diciembre es el Día Internacional de las Personas con Discapacidad (o con Diversidad Funcional) y desde el área de Cultura de la Diputación de Granada, en colaboración con la UNESCO, me han invitado a participar en una sesión de Cine en la que se proyectará la película Balllad from Tibet (Tian Lai Meng Xiang, de Zhang Wei, 2017) para charlar sobre la relación entre cine y diversidad funcional. He de añadir que esta invitación vino gracias al artículo que escribí hace unos años sobre exclusión social y cine. Me gustaría reproducir a continuación lo que va a ser la presentación que voy a hacer en unas horas en el Palacio de los Condes de Gabia.

Me interesa todo lo que tiene que ver con la construcción de nuestra cultura visual y la visualidad, así como su auge actual. En este sentido, resulta sumamente interesante ver cómo el cine visibiliza o invisibiliza determinados temas como la violencia, el crimen, la pobreza o la exclusión social, convirtiéndose así en un reflejo social de nuestra mirada, que se construye social y culturalmente. El cine es, por tanto, un transmisor de ideas que muestra una parte seleccionada de la vida y que descubre nuevas realidades ocultas al espectador, al que ofrece una realidad desconocida.

Cuando escribí el artículo que mencionaba antes, me encontraba en un momento académico en el que trabajaba en temas de exclusión social y pobreza, desde la sociología, pero me interesaba la comunicación audiovisual (me hallaba cursando estos estudios) como herramienta de construcción de significados sociales. De hecho, apuntaba también en una comunicación sobre la sobrevisibilización del miedo en los medios de comunicación cómo éstos amplificaban y usaban los discursos del miedo a través de ciertas noticias y se construía así una visión irreal del mundo, más peligroso de lo que realmente era, con las cifras de criminalidad en España cayendo desde varios lustros atrás.

El cine también construye una visión del mundo. Y como arte, en numerosas ocasiones está interesado en mostrar historias que muestren los límites y las marginalidades de lo que consideramos normal. Le gusta contar lo extraño, lo original, son las historias que en mayor medida nos atraen más. Cuando el cine decide mostrar lo (normalmente) invisible, esto es, una realidad desconocida para buena parte de la sociedad pero cotidiana para otra parte, la marginalidad deja de serlo. Desde el interés narrativo, se visibilizan realidades desconocidas.

En el cine existe el denominado Test de Bechdel, que sirve para evaluar si un guion narrativo, ya sea de película, serie, cómic u otra representación artística, cumple con unos estándares mínimos que sirvan para evitar la brecha de género. Los requisitos para que la obra supere el test son, básicamente:

  • Que aparezcan al menos dos personajes femeninos.
  • Que estos personajes se hablen la una a la otra en algún momento.
  • Y que esta conversación trate de algo distinto a un hombre (sea o no una relación romántica, por ejemplo, familiar).

Me gustaría entonces plantear: ¿podríamos crear un test sobre diversidad funcional? Uno que hable de las obras artísticas en las que podamos comprobar que aparecen varios personajes con diversidad funcional, que éstos hablen entre sí y que el tema no sea algo relacionado con la diversidad funcional. También habría que ver si son o no los protagonistas de la historia que se cuenta y si es relevante en ella o no su discapacidad. En definitiva, sabemos que existe una brecha relacionada con la diversidad funcional, pero ¿qué visión es la que se da en el cine sobre este hecho? A veces, la propia diversidad es una buena excusa para que un actor o actriz pueda lucirse y ganar por su interpretación algún premio de prestigio como el Oscar.

El Cine es también un medio de transmisión de valores, por lo que es útil para promover actitudes positivas hacia la diversidad funcional. Aunque nos resulte visualmente atrayente, como ocurría con las atracciones de feria, con ese voyeurismo malsano que segregaba a las personas con diversidad funcional, hemos de superar, como ha ocurrido en la historia del cine, esa visión estereotipada y llena de prejuicios. Como afirma Olga Mª Alegre en “La discapacidad en el cine: propuestas para la acción educativa”, “la historia de la discapacidad en el cine es la historia de una distorsión de la imagen según los intereses económicos, políticos o sociales de la época, presentando el punto de vista del no discapacitado y excluyendo el de la persona con discapacidad”. Hasta el cine independiente de los 70 y, sobre todo, en los 80, la discapacidad será tratada como excusa argumental o para ilustrar ciertos estereotipos, pero desde entonces el tratamiento comenzará a ser más profundo y desarrollado, aunque esto conviva con cierta ambigüedad en algunos casos. Un punto de inflexión ocurrirá en 1986, con Hijos de un Dios Menor, éxito internacional de crítica y público, donde la discapacidad auditiva se convierte en el centro de la película, y además la actriz Marlee Matlin tiene esa diversidad funcional.

Desde entonces hay otra visión más ajustada a la realidad, más humana y centrada en la persona, consecuencia de los avances sociales de las últimas décadas. Y el cine es un reflejo de ellos. No obstante, siguen habiendo algunos aspectos que no se ajustan a la realidad:

  • La frecuencia con que aparecen estos personajes no se corresponde con la proporción de personas con diversidad funcional que hay en la sociedad.
  • Normalmente se trata de actores interpretando a personas con diversidad, no que tengan esa diversidad funcional realmente.

Por eso, aunque no nos guste la visión que se dé en algunos momentos, hay que aplaudir casos de éxito como Campeones, que visibilizan una realidad de una manera tan positiva. Voy a añadir algunos datos más:

  • Las personas con discapacidad tienen aún escasa presencia, aunque desde la década de los ochenta han aumentado el número de películas con protagonistas con diversidad funcional.
  • La mayoría de las películas son de género dramático, especialmente dentro del melodrama (emotivas) o de drama realista (basadas en hechos reales). Hay excepciones, pues también hay comedias, musicales o de animación.
  • Se trata más la discapacidad motora, pero también la intelectual y sensorial. Las menos tratadas suelen ser el autismo y otros trastornos del desarrollo.
  • Los temas tratados suelen ser:
    • Personales: autoestima, miedos, preocupaciones, aceptación, rechazo, soledad, autonomía…
    • Familiares: aceptación, relaciones familiares, conflictos de pareja, abandono y maltrato, superación dentro de la familia…
    • Interpersonales: amistad, amor, matrimonio, relaciones…
    • Otros: sociales, médicos, educativos…
  • Hay una desaparición paulatina de los estereotipos (aquellos que Norden puso de manifiesto en 1998 en “El cine del aislamiento”: desventurado cómico, dulce inocente, vengador obsesivo, villano discapacitado, noble guerrero, santo sabio y ciudadano superestrella) y de los extremos irreales entre lo muy negativo y lo muy positivo. Cada vez son más realistas, no discriminatorios, visibilizadores, sin dramatismos ni coralinas.

La evolución ha sido grande desde los estereotipos de las primeras películas mudas. Hoy se hacen películas muy interesantes, también éxito de crítica y público, y que están protagonizadas por personajes con algún tipo de diversidad funcional que, además, son una parte principal del argumento y su desarrollo, como ocurre en la reciente y estupenda Joker, de Todd Phillips.

Desde aquí, somos cada vez más audiovisuales, ahora consumimos más historias audiovisuales que nunca, especialmente en formato largo a través de las series. Y además lo hacemos a través de Internet: 2019 ha sido el año en que por primera vez el consumo audiovisual por Internet ha superado al televisivo. Desgraciadamente, en demasiadas ocasiones las series repiten los mismos estereotipos y paternalismos que en el cine.

¿Qué hay que hacer entonces? Educar a través del cine, aprovechar las emociones que suscita para normalizar determinadas situaciones. El cine es un recurso didáctico y debemos aprovechar la fuerza que tiene para conmovernos, pero también para abrir debates, cambiar ideas, construir miradas. La diversidad funcional es un tema en el que la visibilidad se torna fundamental. Que ver lo invisible lo hace visible. Y esta visibilidad y esta mirada es hoy día imprescindible para una sociedad más inclusiva, más justa y más social.


[Actualización: la presentación fue todo un éxito, pues en torno a unas 60 personas acudieron al evento y, aunque la hora y el tiempo no dio pie a un debate en la sala, pudimos conversar, en petit comité, de esta relación entre cine y diversidad funcional, así como de otros temas culturales. Agradezco a los asistentes su interés y asistencia y animo a su participación en próximos eventos de este tipo. Y gracias a la Diputación de Granada por contar conmigo en él. Espero que haya más.]


Referencias y enlaces:

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