¿Qué es el ‘Visual Thinking’?

Dice la consabida frase que una imagen vale más que mil palabras y esto es más patente en un mundo cada vez más ‘infoxicado’. Vivimos rodeados de imágenes, que nos asaltan cada día desde múltiples pantallas. La comunicación, hoy día tan inmediata y omnipresente, se basa cada vez más en lo visual, confirmando esa vuelta a la ‘aldea global’ y una alfabetización más visual que lecto-escritora que tan acertadamente profetizó Marshall McLuhan. En este paso de la tipografía a la infografía (pasando por la fotografía) hemos perdido gran parte de esa capacidad, básica en nuestra infancia, para pensar y comprender el mundo a través de imágenes antes que con palabras.

El pensamiento visual o visual thinking trata de recuperar esas capacidades para repensar y comprender nuestras sociedades pues, como decía el creador de este concepto, Rudolf Arnheim, existen otras formas de pensar y comprender el mundo basadas en la vista y no en el lenguaje. Las palabras comportan una serie de sesgos y limitaciones implícitas al no ser capaces de comunicar o expresar determinadas emociones y cualidades, como ocurre con ciertas obras de arte. Esto puede ser porque “el lenguaje no provee de un medio de contacto directo con la realidad, al servir solamente para nombrar lo que ya ha sido escuchado, visto o pensado”. Peor aún, “el medio del lenguaje puede paralizar la creación intuitiva y los sentimientos”. Leer imágenes pone en marcha un proceso distinto al de leer texto: mientras para comprender un mensaje escrito el cerebro realiza un examen secuencial a partir de una suma progresiva de los elementos integradores, para entender una imagen el cerebro elabora toda una “aproximación simultánea, sintética y global, todas las partes del conjunto se perciben y se procesan a la vez, y se destila de golpe el sentido del mensaje gráfico” (Jardí, 2012).

Por esta ‘alinealidad’, pero también por su inmediatez y cercanía a los estímulos directos, lo visual se desenvuelve mejor en los tiempos actuales. El problema es que seguimos arrastrando una tradición del conocimiento racionalista que niega muchas veces la emoción conectada a la percepción, lo que ha impregnado, además, todo el sistema educativo de tal forma que las artes han quedado relegadas a un segundo lugar por detrás de las ciencias. En un mundo complejo como el actual, se torna por tanto requisito fundamental para la educación aunar ambos tipos de saberes y construir así un nuevo paradigma más visual, que no sustituya al texto sino que lo complete y que sea transversal y libre de compartimentos estancos que pongan de relieve la existencia de la complejidad y la interdependencia humana.

La disciplina del pensamiento visual busca transmitir, comunicar ideas, patrones o conceptos de manera lo más visual y minimalista posible, a través de dibujos, gráficos, esbozos, iconos e imágenes simples. Es más efectiva cuanto más sencilla y rápidamente seamos capaces de identificar la relación entre la idea y su representación. Sus aplicaciones abarcan no sólo el más obvio ámbito creativo, sino también el educativo, por cuanto la comprensión visual en la infancia llega antes que la lecto-escritora. El pensamiento visual significa aprovechar la capacidad innata para descubrir ideas que de otro modo serían invisibles, desarrollarlas rápida e intuitivamente y luego compartirlas con otras personas de una manera que ellos puedan “captar” de manera simple (Roam, 2010). Por tanto, puede servir para la resolución de problemas, para la generación y desarrollo de ideas, así como su posterior síntesis y comunicación a los demás para una mejor y más rápida comprensión de las mismas. También para explicar y vender una idea o producto. Y, por supuesto, para desarrollar narrativamente cualquier historia.

Las imágenes son el correlato esencial de las ideas complejas, pues sin imágenes sería más complicado entenderlas. Y no tiene nada que ver con saber dibujar o no, sino con entender los mecanismos de la representación visual. Es un proceso que no tiene porqué ser lineal, pero que casi siempre sucede en estos cuatro pasos: mirar (absorber, recopilar y seleccionar la información), ver (agrupar y detectar pautas), imaginar (interpretar y manipular los elementos para descubrir nuevas pautas) y, finalmente, mostrar (enseñar lo aprendido y descubierto para recomenzar el ciclo a través del feedback). Esta forma de contar historias tiene su lugar propio en el ecosistema audiovisual como herramienta de aprendizaje y enseñanza: los ‘Visual Thinking Vídeos’.

Explicar nuestro mundo a través de las imágenes es ahora más fácil y a la vez necesario que nunca. La creciente complejidad de las sociedades actuales demanda un conocimiento más profundo e intuitivo de las mismas, con explicaciones más certeras y directas, pero que no caigan en la burda simplificación o la sencillez banal. Y para ello necesitamos capacitar más a la ciudadanía, darle las herramientas necesarias para poder leer críticamente todas las imágenes que nos rodean y, en sentido contrario, saber usarlas de manera creativa, propositiva, proactiva y resolutiva.

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