Hace poco me entrevistaron para un reportaje en el HuffPost sobre un fenómeno que cada vez preocupa más: por qué tantos adolescentes están recurriendo a chatbots como ChatGT y otras IAs para pedir consejo emocional en lugar de acudir a un psicólogo. El artículo parte de unos datos de Plan Internacional que afirman que casi uno de cada cinco jóvenes ha usado herramientas como ChatGPT para hablar de sus problemas o buscar orientación psicológica, y explora tanto las razones detrás de este comportamiento como los riesgos que puede conllevar.
En mi intervención he querido subrayar que creo que no estamos ante una moda pasajera, sino ante un cambio profundo en la forma en que los adolescentes buscan apoyo. La disponibilidad 24/7, el anonimato, el tono cercano de las respuestas y el coste cero hacen que el uso de la IA para esto sea atractivo y rápido, pero también puede validar pensamientos dañinos, reforzar sesgos o dar una falsa sensación de seguridad. Por eso, insisto en la importancia de integrar estas herramientas como un complemento —no sustituto— de la ayuda profesional, y en formar a los jóvenes en un uso crítico y responsable. También trato de concienciar sobre los sesgos de estas IAs, como los sesgos de automatización, de adulación o de equidistancia.
Te invito a leer el reportaje completo aquí. Creo que es una buena oportunidad para abrir un debate sobre cómo podemos diseñar servicios híbridos, que aprovechen lo mejor de la IA y garanticen la intervención de profesionales cuando sea necesario. Y donde la alfabetización digital y emocional de adolescentes, familias y educadores se convierta en un factor clave para que esta tecnología se convierta en una aliada y no sólo un riesgo.
